VIAJE A LOS 6 AÑOS A ESTUDIAR AL INTERIOR DE LA AMAZONÍA PERUANA

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VIAJE A LOS 6 AÑOS A ESTUDIAR AL INTERIOR DE LA AMAZONÍA PERUANA

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Cuando mi padre tomó la determinación de que debía estudiar en un internado a los 6 años en el corazón de la Amazonía Peruana en el Internado de Santa Clotilde Río Napo fue una noticia explosiva en la familia. Yo niña acostumbrada a viajar desde los 8 meses, no fue una tristeza sino más bien una sorpresa.

Veía cómo toda la familia preparaba mi viaje; la madre superiora pudo darle una lista muy grande a mis papás en la que estaban una serie de indicaciones y las cosas que se necesitaba llevar como parte de mi ajuar: entre ellas toda la ropa que llevaba debían de ir marcadas con mis iniciales y eso significaba colocar sobre una semilla de palta toda ropa y colocar el RSCT en todo,  me cortaron el hermoso cabello más corto, mi tía Clemita me hizo una hermosa ropa de baño de florecitas con bobos en las parte trasera, gorrito para el sol, salida de baño, un hermoso vestido de bordado para los domingos matinales de la iglesia, 3 sábanas blancas para la cama, mamá estaba como loca haciendo todo ese trabajo y a mí me invadía cada día un asombro total; mis primos estaban muy preocupados cómo podía viajar a esa edad a un lugar tan lejano; me creían una líder una super niña, pues el recorrido para llegar era de una semana.

¡Oh Dios! llegó aquel día del viaje, el barco salía por a las 5 de la tarde del Puerto de la Marina en Iquitos, aún recuerdo la cara de mis papás desde el puerto y según mi mamá estaba yo agarrada de la pierna de la madre superiora muy “tranquila”. Por otro lado mi mamá también se contactó con una niña llamada Alejandrina mayor que yo para que me cuidara y podría hacerme algunas tareas como lavarme la ropa y estar pendiente de mí en todo momento, pobre mi madre nunca supe cuánto sufrió por esta decisión que ella misma tomó junto a mi papá.

El viaje fue una experiencia inolvidable a mis 6 años, aprendí a conducirme independiente a muy temprana a desempeñarme y defenderme en un grupo humano, a luchar por mis derechos cuando las monjas abrieron mi carta en la que me quejaba porque no me habían atendido como quisiera cuando estaba enferma de Paperas y la madre superiora mando a que rehiciera la carta, cosa que me causó tal decepción a esa edad y me pareció una injusticia total y me desengañe enormemente.

Otras de las cosas que me gustaba era pedir a la cocinera que me hiciera hervir dentro de una tetera una leche condensada y luego de largas horas se formará un delicioso dulce de leche que era el manjar más delicioso que un niña podía comer en esa selva virgen.

Hacíamos salidas a la selva para lecciones de sobrevivencia, en grupos teníamos que  armar una fogata con ramas y leños, además de cocinar en medio de la nada, esta tarea era un momento que todas las niñas ponemos mucha atención ya que estábamos en media jungla; teníamos que hacer fuego y luego cocinar una comida con los ingredientes que llevamos y lo que encontrábamos allí, así que esa experiencia me enseñó mucho y a esa edad fui capaz de hacer todo eso y que me sirvió a lo largo de mi vida, ahora puedo armar una fogata en cualquier lado y me ha salvado en muchas ocasiones; de esa experiencia también recuerdo que comíamos la fruta del Uvos que caían de los árboles silvestres y ahora a esta edad puedo recordar esa fragancia de esta fruta que jamás la olvidaré.

Esta fue una magnífica lección de independencia que mis padres a esa edad me prodigaron y que fortaleció mi vida posteriormente; quizá en este tiempo se pueda ver como una decisión muy dura y extrema para esa edad; sin embargo como me dijo una amiga, “Muy duro a nuestro entender de hoy, pero tus padres tenían visión para ti”…cierto ellos me prepararon para ser una gran mujer a esa edad y eso me llevó a estar aquí con Uds. contándoles mi historia de vida que me ayudó a salir airosa en muchas ocasiones gracias a mis padres.