Mi mejor escuela de sensibilidad fue la naturaleza

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Mi mejor escuela de sensibilidad fue la naturaleza

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Lo primero que vi al nacer fue naturaleza y con ella aprendí a caminar donde no había sendas. Siempre me recuerdo vagando perdida entre la naturaleza por largas horas como si fuera cual errante, iba tras el murmullo de las aguas, intentando descifrar su lenguaje; me escurría entre los renacuajos de las orillas del río intentando descubrir su ciclo de vida, aprendí a caminar por las veredas de las quebradas, manantiales y ríos con sus peces de colores que me enseñaron a ser maleable a mi paso y a lo que no me hace bien ir echando de mí.

Gracias a Dios que pude tirar semillas a la tierra y pude ver brotar vida. Observar a las aves en sus nidos con sus polluelos era la más maravillosa expresión de amor y cuidado. Ver a los gallinazos elevarse hasta alcanzar la majestuosidad de los cielos desafiando la altura y el viento me enseñaron a desafiar los límites y a volar pronto con alas nuevas. Acariciar a las hojas me permitió observar que se pueden tallar y dibujar bordes tan perfectos en nuestro ser interior. Si he sentido especial admiración es por las flores, su aroma y belleza; con ellas aprendí a dar color a mi vida aun en medio de la oscuridad y la tristeza. Me encantaba el musgo verde y compacto que se pega a la roca y allí aprendí que se podía sobrevivir solo respirando y con fe.

A los tres años de la ventana de mi cuarto podía ver a las liebres al atardecer entre los arbustos y al observarlas tanto aprendí a saltar los obstáculos de la vida. Observar por largas horas a las orugas y sus hermosos colores, así como a las crisálidas que seguían el trayecto de su metamorfosis es desafiar a la vida misma. Tener la libertad de las mariposas me hicieron ser una persona de mente abierta para comprender a los demás en su diversidad. Agacharme y estar al ras del suelo para observar las hormigas me obligaron a ser humilde, así como a admirar su magnífica organización para incorporar en mi vida. Otra cosa que aprendí de la naturaleza es que la limpieza es el código que tienen en la cadena de supervivencia; no hay un ser que no sea ordenado y limpio.

He podido escuchar el lenguaje de la noche aun con temor, pero siempre estaba ahí para decirme que de ella vienen las estrellas y que tú puedes ser una de ellas si haces las cosas bien. De la luna hermosa aprendí a resplandecer aun en la oscuridad; del amanecer aprendí que la estrella de la mañana está allí para darte la bienvenida y bendecirte por el día que acaba de empezar cuando has usado la noche para tu beneficio provechoso.

Observando el rocío de la mañana entre las hojas, una tarde de granizo entre el pasto y la hierba o una majestuosa lluvia entendí que transformarse en tantos estados significa que es el elemento más importante para la humanidad que merece mi respeto y cuidado.

A la naturaleza le debo mi vida pues ella cuido siempre de mí y despertó al máximo mi sensibilidad. Soy un ser de naturaleza espiritual y dada esa razón siempre la busco en la ciudad en el árbol de un parque, en la hoja de un macetero, en un cerro cercano o en el aire y en toda expresión en la que no interviene la mano del hombre; dada esa razón no le prives de esta experiencia a un niño hoy en día.