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Al iniciar octubre mi mes, quería compartirles esto; las historias de David y la mía se parecen mucho, es como si hubiéramos ido construyendo nuestra vida por caminos distintos, pero con historias similares.
Muchos de los que siguen mis historias saben que a los 6 años me fui a un internado de religiosas canadienses en Santa Clotilde a una semana de viaje desde Iquitos; este fue el mejor exilio que a esa edad tuve porque si algo se fortaleció aquí fue mi vida espiritual. Siempre converso con mi esposo y ambos coincidimos que nuestras abuelas, y padres juegan un papel importante para eso y que, si no hubiéramos tenido ese soporte de fe siendo niños, nos hubiésemos perdido o salido del camino, pues ambos salimos muy niños de nuestras familias por diversas razones.
Tuvimos el acecho y la invitación a las cosas negativas y tóxicas, pero nuestra base espiritual fortaleció nuestra vida y siempre tuvimos muchos ángeles que nos sacaban del camino y colocaban en la senda del bien y las historias que pueden haber acabado en un triste final, siempre tienen un final y lleno de luz.
Puedo decir que cuando caía en aguas turbias, en la tormenta por mis egos de la vida, allí estaba una mano muy fuerte cogiéndome para no caer y cuando aparecían los peligros de la vida, las tentaciones, esa misma mano mágica me sostuvo y salí librada.
Desde niña siempre y al acecho de mis miedos, en mi intimidad descansé en la oración, en Jesús; él fue mi amigo que pude tener en mi oscuridad y en mi amanecer, mi complemento y que nunca deje de orar; él me acompañó toda mi vida, nunca me iba adormir sin una oración, sin rezar el ángel de la guarda, con la esperanza de que en mis miedos y mis emociones desentonadas me cuidaría y vendría a rescatarme y así fue.
Ahora de adulta trato de llevar menos cargas, deseo una vida de paz, y por eso procuro darle una atención muy especial a mi esfera espiritual, y como no hacerlo si estoy profundamente agradecida, con las infinitas veces que me trae de vuelta a la vida y aun me permite estar aquí.
Y aquí les dejo esta letra hermosa de una canción en portugués, “Tocando em Frente” del gran cantautor Almir Sater:
“Cada uno de nosotros compone su historia, cada ser en sí carga con el don de ser capaz de ser feliz”.
 
 
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