Hace unos años atrás postule a un trabajo convocada por unos amigos, pero mi vanidad y mi soberbia me llevó a creer que ya había sido ganadora de este puesto, cuando incluso en el mismo tiempo había sido convocada a otro trabajo con un contrato para firmar. Finalmente perdí ambos trabajos y no saben cuánto me dolió, me deprimí y lloré por una semana, ya que necesitaba profundamente el trabajo.

Pasada la semana reflexioné y dije tengo la oportunidad de agradecer y le escribí a la persona que me invitó estas palabras “…pensando con cabeza fría creo que no debía ser merecedora a un puesto así porque sería un conflicto de interés y una ventaja ante los demás concursantes y me siento mucho mejor sabiendo que fueron justos y escogieron a la persona idónea para lo que buscaban…yo estoy bien y en ningún momento se sientan mal por tomar esa decisión, le mentiría si digo que no me afectó porque soy una humana llena de defectos…pero soy cristiana y no debería actuar así porque no sería digno para alguien que desea lo mejor para su prójimo…y tampoco uno puede decidir contra la voluntad de Dios y la vida”.

En esta situación buscaba no guardar un pensamiento dañino, aun con el dolor, decidí actuar de un modo diferente, que me favoreciera y olvidar esta situación. Pero no siempre ocurre esto, pues en la vida por diversas razones todos guardamos resentimientos, odios, rivalidades y cólera por diversas razones, pueden ser por ofensas, ataques, agresiones, corrupcción, mentiras, deudas, comportamientos inadecuados, decepción, infidelidad, promesas e incumplimientos, abandono, traición, heridas, faltas, dolor, egoísmo, avaricia etc. y ante estas situaciones cada persona actúa de forma diferente.

Y es razonable porque que no existe un curso sobre el Perdón, que nos enseñe con amplitud y con ejemplos prácticos sobre cómo aplicarla en la vida diaria, ¿cuándo?, ¿por qué y paraqué?; es más algunos no tenemos la más mínima idea de para qué sirve y por eso guardamos en mente estos pensamientos arriba indicados al punto que crean daños emocionales y acaban enfermándonos tarde o temprano.

Unos somos más proclives a perdonar de corazón y en toda su dimensión sea cual fuera la ofensa, otros perdonamos a medias, de palabra, pero la herida se queda insertada en la mente y en el corazón, se nos hace difícil olvidar y quizá hasta vayamos luego diseñando nuestra próxima venganza o nuestra próxima enfermedad y otros que simplemente somos analfabetos totalmente del perdón, que no nos damos cuenta que hacemos daño y cometemos errores y por eso tampoco vamos a perdonar.

Como humanos somos frágiles, porque no existe la perfección y mientras estemos vivos cometeremos errores y equivocaciones; por lo tanto, siempre es imposible vivir sin el perdón, ya que  en todo momento, necesitaremos ser perdonados o perdonar; casi siempre estaremos en ambas posiciones como parte de nuestro crecimiento.

Lo que si es cierto es que el perdón es terapéutico, es sanador, es una decisión y acción individual, pero con un beneficio expandido; quizá hoy te toca sanar ese espacio donde vives, sanar tu familia, esa persona que dejaste de frecuentar, o ese pensamiento que está en tu mente y en tu corazón como una daga ardiendo esperando ser apagada con tu perdón etc. Hoy puedes tener una oportunidad hermosa para empezar un día diferente.

Creo que el “error y el pecado” existen como examen para saber si aprobamos la materia del perdón. Aquí te dejo este video reflexivo del Padre Raymund Portelli, que puede a aclarar tu visión del perdón.

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