Si haces lo tuyo, cuidas a los demás.

Hace un par de semanas volvimos a la emergencia del Hospital con mi hermana y estás rodeada de diversas infecciones (diarreicas, respiratorias, heridos, acuchillados, baleados, accidentados, extranjeros, etc.), mucho hacinamiento, dificultad para la higiene y otras situaciones. Todos estamos con un solo pensamiento que nuestros enfermos se salven y no da tiempo para pensar si nos contagiaremos de algo o en aplicar mis conocimientos de bioseguridad.

Esta estancia fue otra buena lección que me hizo reflexionar sobre mis hábitos de higiene que con el cólera había logrado afianzarlos y ahí observé que estas se fueron diluyendo en el tiempo y olvidamos las lecciones aprendidas de lo que nos dejó el cólera a casi 20 años en Perú y la gran tristeza de perder miles de personas.

No estuviera aquí si mi hermana o yo, no hubiéramos seguido las normas de higiene en el Hospital; por eso invoco a que tengan fe en la técnica más antigua por excelencia, el lavado de manos, el uso de desinfectante de mano (cuando no puedes lavarte las manos), esto  antes de cada alimento que meterás a la boca y el uso de mascarilla para el enfermo.

El Coronavirus ahora nos une al planeta, y debe ser tiempo de reflexión; no es posible controlar los hábitos de higiene de los demás, pero si podemos controlar el nuestro y así estaremos actuando con responsabilidad protegiendo a otros, a nosotros mismos y cortando la cadena de contagio.

Por otro lado, estamos hablando de una enfermedad, no de una hecatombe; no es para llenarnos de provisiones y egoístamente pensar solo en salvarnos; más bien estamos llamados a la unión, a la reflexión, a la oración, a la enseñanza simple, a examinar nuestra fe, a orar en los que están afectados y confiar en los que están trabajando para que nosotros no seamos afectados.

Y por último dejemos a los que saben que hagan su trabajo, sin crear pánico.

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