Una vida sin etiquetas.

Cuando decidí renunciar a mi trabajo después de más de 20 años de laborar me costó, pero lo hice porque una voz interior me lo pedía, pero además también porque mi entorno me enviaba mensajes a los que ya debía escuchar. Dada esa razón me fui a descansar por un tiempo, quería ver ¿Qué tan capaz sería de no ser nada por un tiempo?; en ese momento no pensé en las consecuencias solo quería escuchar a mi corazón.

Profesionalmente estaba muy bien pero no me sentía satisfecha, pensaba que fuera de ese lugar habrían otras cosas que aun todavía yo no había experimentado y que me atrevería a hacerlo solo sin estar empleado, quizá estaba usando como pretexto para no hacerlo. Esa voz que siempre me alentó a salir del trabajo, fue la misma que estuvo ahí después de un tiempo cuando baje las revoluciones y empecé a colocar los pies fuera del terreno laboral y a tomar atención en las cosas de la vida, del hogar, de la familia, de los amigos, de mi esposo  y el de mi vida propia.

Desacelerarme, bajar y bajar del pedestal para ser solo una mujer sin ningún cargo, sin ningún puesto, sin ninguna etiqueta y no ser tratada por mi profesión, ocupación o mis títulos, sino simplemente por ser una persona más tomó su tiempo.

Nos acostumbramos a ser alguien por lo que hemos conseguido en la vida, para eso nos preparan “para ser alguien en la vida”, “para ser un profesional”, “para tener un lugar”; al conocernos nos preguntamos ¿Y tú que haces? ¿A qué te dedicas? es inevitable no hacer estas estas preguntas ya que siempre queremos figurar y así sin darnos cuenta vamos dañando a las personas estigmatizadas como (enfermos, privados de la libertad, no aceptados, la ama de casa, “la no profesional” etc.) ya que no los vemos como personas agradables que encajan dentro de la sociedad y en las etiquetas.

¿Pero quienes conocen tus etiquetas?,¿Los que te conocen? o a quien se lo dices; pero ¿Qué pasa cuando estás como anónimo en la vida?, en un lugar extraño donde nadie te conoce como en el mercado, la cola de un hospital, en la calle etc. ¿Qué pasa ahí?, ahí eres un anónimo más, una simple persona desprovista de tus etiquetas, ahí sí eres real y eso es lo que vales.

Por tal motivo es necesario alguna vez dejar las etiquetas; soltar ese afán de figuración, al inicio duele dejar  toda la imagen que hemos construido durante años; pero vivir esta experiencia nos permitirá pisar el suelo para ser humildes, para ver realmente a las personas como son, para ver  qué tan espirituales somos y qué hemos aprendido en la vida.

Tomé la determinación de ser una persona anónima, de  no saber nada y esconderme entre la gente siendo uno más; deje de opinar, hablar y solamente escuchar; así pude ser simplemente una persona y colocarme al mismo nivel del otro; así ví que la perspectiva de igual a igual me ayudaba a ser objetiva, a aprender, a entender mejor la vida, a evitar la discriminación, a despreciar menos a las personas y sobre todo a comprenderlos y mirarlos con ojos de bondad y en la misma dimensión de seres humanos.

Presentarme como una mujer sin etiquetas me está permitiendo comprender mejor la vida y a las personas.

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